
El capitán del Real Madrid, Iker Casillas, definió el duelo contra el Bayern Múnich, en el amistoso en homenaje al Kaiser bávaro, Franz Beckenbauer, que se saldó a favor de los madridistas en la ronda de penaltis (2-4). Casillas paró dos penas máximas en la tanda que decidió el duelo, a Hamit Altintop y a Edson Braafheid, tras un encuentro que se había caracterizado por la presión bávara, sin éxito, ante la portería madridista.
El partido estaba anunciado como de "despedida" a Beckenbauer, 33 años después de que dejara el club bávaro como jugador para irse al Cosmos de Nueva York. Era una despedida tardía para una figura a la que el Bayern le debe casi tanto como el fútbol alemán y mundial, y ambos equipos acudían con ganas de llevarse la copa.
En algún momento le correspondía este homenaje a quien fue campeón del mundo como jugador y seleccionador (1974 y 1990), cuatro veces campeón de la Bundesliga en el campo (1966, 1968, 1974 y 1976), otra como entrenador (1994), amén de otros múltiples títulos.
Al Kaiser, presidente de honor del Bayern, no se le podía dispensar un amistoso cualquiera, sino que se diseñó para él este duelo entre los dos clubes que más títulos de Liga tienen en sus países, a una semana del arranque de la Bundesliga.
Al pulso de los clubes se unía el de Van Gaal frente a Mourinho, más la expectación ante el debut como madridistas de Carvalho y Khedira, saludado con cariño por sus ex colegas alemanes. Mucha simbología sobre la Allianz Arena, a rebosar, y también mucho de ensayo general para los de Van Gaal, una semana después de llevarse la Supercopa germana.
El partido estuvo precedido por la entrega de dos títulos a los del Bayern, el de entrenador y jugador del año, a Arjen Robben. La copa, en formato enorme, de Beckenbauer la levantó Casillas.
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